Una buena alimentación constituye el pilar fundamental de la salud. Tradicionalmente, en Chile predominan costumbres alimentarias que pasan de generación en generación. Estas prácticas incluyen un alto consumo de carbohidratos, grasas saturadas, pan, bebidas azucaradas y golosinas.
Como contraparte, la población consume pocas frutas, verduras, pescados y legumbres. Además, el sedentarismo durante los meses de pandemia redujo el gasto energético en niños y adultos, sumando un fuerte desgaste emocional al panorama nutricional.
De acuerdo con lo observado en mi consulta, la mala alimentación provoca patologías recurrentes en los chilenos:
Diabetes Tipo 2: Afecta a todos los grupos etarios. Aunque se relaciona con la genética, los malos hábitos alimenticios aceleran su desarrollo.
Hígado Graso (Esteatosis hepática): Surge por estilos de vida poco saludables y el alto consumo de azúcares refinadas y grasas.
Dislipemia: Los niveles elevados de colesterol y grasa en la sangre provienen directamente del sedentarismo y la mala dieta.
Obesidad: Es la enfermedad más preocupante en nuestro país. El 74% de los adultos en Chile tiene sobrepeso u obesidad, situándonos entre los 10 países con peores índices mundiales.
Aunque celebro que los adolescentes y adultos busquen modificar sus hábitos, recomiendo tomar estas decisiones con responsabilidad. Actualmente, muchos siguen pautas de internet o «dietas milagrosas» como el método Grez o el ayuno intermitente sin supervisión.
Si bien estos métodos pueden dar resultados rápidos, suelen provocar un efecto rebote y aumentar los niveles de colesterol a largo plazo.
Si decides ser vegano o vegetariano, debes hacerlo de manera guiada. Muchas personas aumentan el consumo de carbohidratos por falta de variación en sus platos. Antes de cambiar tu dieta, realiza estudios médicos para asegurar que cubres todos los requerimientos de vitaminas y minerales.
Para mantener una vida sana, Teresa Andrade, nutricionista de Clínica Andes Salud Chillán, entrega las siguientes recomendaciones:
Conoce tu estado nutricional: Antes de empezar una dieta, consulta a un especialista para saber cuánto y cómo debes comer.
Elige mejor tus alimentos: Prioriza productos bajos en grasas saturadas y evita las azúcares refinadas.
Variedad en el plato: Prefiere carnes blancas, legumbres, frutas, verduras y cereales integrales.
Hidratación constante: Consume 2,5 litros de agua al día para controlar la ansiedad y el peso.
Actividad física: Realiza ejercicio al menos 3 veces por semana, con una duración de una hora por sesión.
Una alimentación equilibrada significa aprender a elegir los alimentos que llevamos a casa y preferir preparaciones saludables que nutran nuestro cuerpo de verdad.
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