Alzheimer: una enfermedad que no debemos olvidar 

Cuando mencionamos la palabra Alzheimer, inmediatamente se nos viene a la mente una demencia que constituye un proceso degenerativo irreversible que asociamos a la población de adultos mayores sobre los 65 años.

De acuerdo a los profesionales expertos en el tema y según el Ministerio de Salud, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias son síndromes crónicos progresivos caracterizados por el deterioro de las capacidades cognitivas. En el país el 1,06% de la población presenta algún tipo de demencia, lo que equivale a 180 mil personas. Se estima que al 2050 la cifra se triplique, alcanzando un 3,10% (626 mil personas), siendo la más común la enfermedad del Alzheimer.

Pero más allá de las estadísticas está el lado humano que constituye un tópico muy importante en lo que significa tener a un ser querido padeciendo esta enfermedad. Por eso, considerando que el 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, quisimos conversar con un médico especialista y dos profesionales cuyas trayectorias están muy vinculadas al adulto mayor, sobre todo, en esta patología mental progresiva.

 

“HAY QUE VISIBILIZAR LA PATOLOGÍA”

Para el Dr. Wilhelm Uslar, neurólogo adulto de Clínica Andes Salud Chillán, el Alzheimer es una demencia que afecta severamente las capacidades cognitivas. “Se produce un envejecimiento acelerado del cerebro, lo que genera que se vayan perdiendo las capacidades de una forma acelerada e inesperable para la edad normal. Por lo tanto, es importante visibilizar esta patología y determinar cómo afecta tanto al paciente como al entorno familiar”, sostuvo el facultativo, quien agregó que las principales causales son genéticas y ambientales.

Según estadísticas, el Dr. Uslar indicó que el principal factor de riesgo es la edad, “sobre 60 años afecta al 1% de la población, sobre 70 años al 15% y sobre 80 años a más del 25% de las personas. Por lo que es una enfermedad de adultos mayores, lo que debe alertarnos considerando que nuestra población va envejeciendo aceleradamente, siendo a nivel mundial una de las principales causas de muerte y discapacidad”.

 

SÍNTOMAS:

  • Pérdida de capacidades cognitivas (trastornos de la memoria, reiteración de ideas o acciones, olvido de corto plazo)
  • Menor capacidad de lenguaje (incapacidad de procesar las palabras)
  • Menor capacidad de sociabilización
  • Disminuyen las capacidades ejecutivas (ordenar las ideas)
  • Flexibilidad cognitiva (capacidad de adaptarse a los cambios externos)

 

PACIENTE Y FAMILIA

La enfermera clínica Andrea Rodríguez, de la Unidad de Paciente Crítico Adulto (UPCA) de Clínica Andes Salud Chillán, contó que desde que realizó su internado estuvo ligada al mundo del Adulto Mayor. “Fue una experiencia enriquecedora pero fuerte, porque me di cuenta de las falencias que tenía el sistema, donde se realizaban muchas pesquisas, desde el punto de vista estadístico, para determinar patologías como la demencia y el Alzheimer, sin embargo, no existían talleres de estimulación, ni derivaciones. Eso fue frustrante, pero me dio el estímulo suficiente para darme cuenta de que ese era mi camino profesional”, señala, y agrega “por eso cuando egresé me integré como director técnico de un centro geriátrico. Ahí me di cuenta que no basta con medicarlos, sino que también tiene que existir un trabajo que evite un deterioro rápido de su funcionalidad, potenciando su área motora y cognitiva”, indica la profesional.

Mientras transcurrió la conversación que sostuvimos con ella recordó dos pacientes con Alzheimer. “Uno con una demencia muy avanzada que estaba en estado de postración y que lamentablemente falleció; el otro hoy tiene 94 años, y gracias a los estímulos correspondientes conserva parte de su autonomía y no ha perdido completamente la memoria”, detalló.

Actualmente para un paciente con esta enfermedad es esencial contar con una red familiar sólida. “Hay dos tipos de pacientes, pasivos y agresivos, pero en ambos casos, el afecto de una familia puede ser el mejor medicamento, ya que hace más llevadera su situación y uno se da cuenta cuando se sienten acogidos y rodeados de cariño” dijo la enfermera clínica, quien subrayó que el Alzheimer es una patología GES de Fonasa donde le proporcionan la atención multidisciplinaria y los medicamentos para retardar el proceso degenerativo. “Las familias deben solicitar eso, puesto que es la única manera para darle una mejor calidad de vida al paciente y, por ende, a su entorno afectivo”.

 

NIÑOS MAYORES

Así los identifica la Técnico en Enfermería Margarita Gutiérrez, otra colaboradora de Clínica Andes Salud Chillán, quien sabe lo que significa cuidar a personas con Alzheimer.  “Hoy cuido a una señora de 78 años (hace 12 años comenzaron los primeros indicios de la enfermedad). Recuerdo que cuando comencé a atenderla, hace 2 años, ella hablaba, leía y conversaba, ahora se ha deteriorado su habla y su capacidad de retención ha disminuido considerablemente. Por este motivo, a diario trabajamos la memoria, motivándola a hablar, tratando de entender lo que dice. Le converso sobre su vida, sus hijos, lo que hacía, ya que generalmente tienen una memoria de situaciones más antiguas. Lo que hacemos se resume en contención, acompañamiento y cariño”, sentencia la Tens.

Es importante no cambiarles sus rutinas para que no se descompensen, porque eso los puede llevar a retrocesos de los pocos avances que puedan tener. “Eso quiere decir que en las actividades que se realizan con ellos, hay que mantener hasta el orden de los muebles y de las cosas de su casa, sin alterar nada”.

 

¿CUÁLES SON LAS RECOMENDACIONES PARA LAS FAMILIAS?

La estadística dice que esta patología se puede presentar desde los 65 años en adelante, por lo que hay que estar atentos. Entre las recomendaciones están:

  • Trabajar la parte cognitiva con cosas cotidianas que el paciente pueda y deba recordar.
  • Evitar el aislamiento y abandono, que trae aparejada la depresión.
  • Brindarles un ambiente tranquilo para que no se angustien por no recordar algunas cosas.
  • Realizar estimulación motora (caminar, hacer alguna actividad).
  • Si el paciente está en un hogar, visitarlo periódicamente.
  • Establecer instancias de comunicación para conversar y recordarles sus momentos felices a través de historias, fotografías y música.
  • Apoyarse para que un equipo de profesionales lo controlen y le den asistencia a la familia.

Historias humanas, reflexiones de vida sobre una enfermedad difícil que irradia a todo el núcleo familiar, por lo que no hay que olvidarla, ni esconderla.