La tiroides es una pequeña pero poderosa glándula con forma de mariposa. Cumple funciones esenciales en el organismo: determina cómo el cuerpo almacena energía, regula el ritmo cardíaco y controla la temperatura corporal. Descubre en este artículo cómo entregarle el cuidado que merece.

Aunque no puedes verla frente al espejo, la tiroides trabaja constantemente en la base del cuello. Esta glándula endocrina regula el metabolismo mediante la producción de dos hormonas clave: la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3).
Estas hormonas viajan por la sangre y afectan a casi todas las células del cuerpo. Influyen en el crecimiento de los tejidos, el funcionamiento de los órganos y el estado de ánimo. Por ello, realizar chequeos preventivos es fundamental para detectar cualquier alteración a tiempo.
Cualquier persona puede presentar patologías tiroideas, pero las probabilidades aumentan si cumples con estos factores:
Género: Las mujeres tienen mayor predisposición.
Etapas de vida: Estar embarazada o en la menopausia.
Antecedentes: Familiares con enfermedades de la tiroides.
Salud previa: Diagnóstico de diabetes tipo 1 o enfermedad celíaca.
Dieta: Consumo bajo en yodo.
Otros: Exposición a radiación en el cuello o cirugías previas en la zona.

Existen diversas alteraciones que pueden afectar el funcionamiento de esta glándula. Las principales son:
Ocurre cuando la tiroides no produce suficientes hormonas. La causa más común es la tiroiditis de Hashimoto. Entre sus síntomas destacan:
Fatiga constante y aumento de peso.
Sensibilidad al frío y piel seca.
Debilidad muscular y problemas de memoria.
Sucede cuando hay un exceso de hormonas tiroideas, lo que acelera el metabolismo. Sus señales principales incluyen:
Pérdida de peso inexplicable.
Aumento de la frecuencia cardíaca y nerviosismo.
Temblores en las manos y dificultad para dormir.
El bocio es el agrandamiento de la glándula, a menudo por falta de yodo o nódulos. Por otro lado, los nódulos tiroideos son bultos que pueden ser sólidos o líquidos. Aunque la mayoría son benignos, es vital revisarlos con un especialista para descartar malignidad.
Si un nódulo crece demasiado, puede causar:
Dificultad para tragar.
Ronquera o cambios en la voz.
Sensación de opresión en el cuello.
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